No hace falta hablar de países.
Hace falta hablar de ella.
La mujer que convierte un gasto en bendición,
una deuda en promesa,
un día difícil en poesía.
La mujer que no tiene oro,
pero tiene algo que nadie puede pagar:
la capacidad de amar sin rendirse.
Ella no dice “me cuesta”,
ella dice: “vale la pena, porque estás tú.”
Y por eso, cuando miro sus cuentas,
no veo números.
Veo decisiones llenas de alma.
Veo fe disfrazada de Excel.
Veo a una madre, una hija, una maga…
sosteniéndome mientras el mundo se duerme.
Hoy no escribo sobre el precio de la vida.
Escribo sobre el valor de quien la hace digna.
Mi Nat.
La que sigue, aunque cueste.
La que ama, incluso cuando el amor no entra en el presupuesto.