Dicen que el amor no cura…
Pero entonces, ¿por qué me sentí mejor cuando me abrazaste?
Aquella mañana, tu cuerpo habló en susurros:
“algo no va bien…”
Y tú —mujer de fuego dulce—
no corriste a buscar culpables,
ni te llenaste de quejas.
Hiciste lo que hacían las sabias de antes:
carboncillo negro, alma blanca.
Lo tomaste sin drama, sin miedo.
Como quien dice: “no vas a ganar, porque tengo amor.”
Y luego…
viniste a abrazarme a mí.
¿Lo entiendes, amor mío?
Eras tú la que estaba un poco débil,
pero me consolaste a mí.
Eras tú la que había dormido con espinas,
pero me hablaste con miel.
Eras tú la que se sentía incómoda,
pero me dijiste: “todo está bien porque existes tú.”
— Y entonces, sané.
Sané de dudas.
Sané de miedo.
Sané de todas esas noches en que creí que no era real.
Porque solo un amor verdadero puede hacerte sentir
que tu existencia…
vale más que cualquier enfermedad.